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Los hechos ocurrieron el pasado 6 de octubre. Dos
vigilantes le pegaron "por maricón" en Atocha. Denunció en comisaría
y presentó reclamación en Renfe. La compañía ha cerrado la 'investigación'
porque los agentes no pasaron parte de incidencias. Es decir: se niega a
investigar.
"¿Qué coño estabais haciendo, maricones?
¿Acaso estabais follando?". El
joven R. y un amigo salen de una de las cabinas de los baños de la estación de
Atocha cuando escuchan tal frase de bienvenida.
Los autores del saludo: dos vigilantes "que
parecían dos pitbulls", y que les
mantienen en los baños cerca de 15 minutos. Y no precisamente para
darles besos: les quitan los DNI, les vacían los bolsillos y encuentran la
prueba incriminatoria: un condón sin abrir. "O sea, que veníais a follar, ¿eh, hijos de puta?".
Es la prueba irrefutable: R. y su amigo son
inevitablemente homosexuales. Así que los vigilantes les insultan, les intimidan, les vejan y, finalmente, les golpean con sus
puños. Uno de los guardias lleva guantes de cuero negro.
A R. le sueltan un mamporro en el ojo derecho por
el que tiene que ser atendido de varias
contusiones en la cara en Urgencias del Gregorio Marañón. Sucedió el pasado
sábado 6 de octubre, a las 23.00 horas.
Todo, por supuesto, "por maricones".
Pero Renfe no ve mayor problema: además de denunciar en comisaría, R. puso una
reclamación a la empresa, que abrió una investigación que esta semana cerró sin
más ni más. Las pesquisas de Renfe, de hecho, ni siquiera se iniciaron jamás.
El motivo: que los propios vigilantes denunciados "no presentaron parte de
incidencias".
¿Absurdo? Dice R: "Si nos dieron una paliza,
¿por qué iban a contarlo en un informe e inculparse?". De la
estación se fue al Gregorio Marañón, donde le abrieron parte de lesiones. De
allí, a comisaría. Y, al día siguiente, de nuevo a Renfe a presentar la
reclamación desestimada esta semana. Otro aspecto peculiar de dicha instancia:
a R. ni se le informó esta semana del cierre del expediente. Se enteró "por los medios de comunicación, no me han
notificado nada".
Fuentes de Renfe aseguran que la compañía "se ha inhibido porque hay un procedimiento
judicial en curso", y que "se
ha instado a la empresa subcontratada a que destine a otro lugar a los
vigilantes". Curiosamente, a R. no se le hizo pasar, al presentar la
reclamación, ninguna rueda de reconocimiento de fotos.
R. sostiene de hecho que "jamás entré con mi amigo allí
con la intención de mantener relaciones sexuales", e incluso
echa un órdago a la compañía: "Y si
hubiera querido mantener relaciones sexuales, qué. ¿Dónde pone que no se puede
follar ahí? Si se hace sin ruido, en una cabina y con la puerta cerrada, ¿a
quién se molesta?".
Desde Renfe aluden al sentido común, y aseguran
que el lugar se ha convertido en un picadero para gays. R. dice: "Y qué pasa, ¿que si entran dos chicas al
baño no pasa nada y si entran dos chicos es que son homosexuales?".
R. teme que su juicio quede en agua de borrajas.
El abogado del Colectivo de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisex de Madrid
(COGAM) le ha dicho que es habitual que, en estas ocasiones, la empresa de
vigilancia presente en sucesivas ocasiones a guardias equivocados, hasta
conseguir dilatar tanto el procedimiento que se diluya en el tiempo.
Como en muchos casos de homofobia, el miedo y los prejuicios hacen también acto de
presencia: a R. le dice su abogado que sería
determinante para el desarrollo del juicio que su amigo, que también fue
insultado y vejado por los guardias, declarara. Pero no parece posible:
"En su casa no saben que es gay,
tendría que decírselo a sus padres y no es una cosa fácil".
Pero la historia de R. no queda ahí. El mismo
domingo tras el sábado de los hechos se sube a una cercanía, se sienta al final
del vagón, mira a su izquierda y ahí están sus dos agresores. Que, además, le
miran, le sonríen y le amenazan con sorna: "Bueno, a ver si no te tenemos que ver otra vez por allí, ¿eh?".
Los mismos tipos que le habían mantenido secuestrado en el baño por espacio de
15 minutos, y que le culparon que los retretes se hayan convertido en "un nido de maricones".
A resultas del segundo susto, R. ya no coge Cercanías y se desplaza por la
ciudad en Metro: "Tardo más,
pero...". Está valorando recibir asistencia médica. "Son una pobre gente, se creen policías y no
son más que unos brutos", dice de sus agresores. "Incluso al irme, al dejarme salir de los
baños, uno me lanzó una patada, pero iba caminando rápido y conseguí evitarla".
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