Barcelona - Desde que era pequeño, por motivos familiares el
empresario catalán Juan Juliá Blanch pasaba la mayor parte de sus
vacaciones hospedado con sus padres en un hotel. A veces incluso se
encontraba con que era el único niño de todo el establecimiento.
Al hacerse mayor Juan comenzó a frecuentar hoteles, pero esta vez
acompañado por su compañero sentimental. Harto de que le miraran raro
cuando pedía una habitación con cama de matrimonio, tras terminar sus
estudios decidió montar un hotel donde los homosexuales como él se
sintieran como en casa.
Hace cuatro años Blanch logró inaugurar el que había sido el sueño de
su vida: el hotel Axel de Barcelona, el primer hotel del mundo pensado
y dirigido al mundo gay. Un lugar que él mismo ha definido como
"heterofriendly", porque aunque va dirigido básicamente al público gay,
acepta igualmente a parejas heterosexuales. El éxito ha sido tal que el
próximo día 10 de octubre Juliá Blanch inaugurará el segundo de la
cadena, esta vez en el barrio San Telmo de la ciudad argentina de
Buenos Aires.
El Axel está en pleno Gayxample, el barrio gay de la capital catalana,
a diez minutos de los lugares más de moda como el barrio del Borne y el
casco antiguo. Construido sobre un edificio de finales del siglo XIX,
el edificio conserva su fachada y sus espectaculares vidrieras al ácido
de la primera época del modernismo. Y en el interior logra un ambiente
cálido y cosmopolita gracias a una decoración a base de muebles de
Vitra, Kartell y Swan, a las telas de Kenzo, y al mosaico y a las cajas
fotográficas con luz de Emilio Lecuona.
El hotel dispone de 66 habitaciones, incluidas diez Junior Suites y la
Suite Axel, todas ellas insonorizadas, climatizadas y muy luminosas,
con camas king size, batas de baño, televisión de plasma, internet y
vídeo a la carta con 30 películas, además de conexión de alta velocidad
para computadoras portátiles y servicio de habitaciones. Lo que no hay
es minibar. La filosofía del hotel es que todo aquel que desee tomar
una copa vaya al bar a hacerlo y así conozca a otros clientes. Eso sí,
si tiene sed y no quiere bajar, en cada planta dispone de una nevera
con botellas de agua gratis.
El Axel tiene dos bares. Uno en la terraza que hay en la planta séptima
con unas espectaculares vistas sobre la ciudad de Barcelona y abierto
sólo en verano, y otro en la planta baja donde hay además un chill out.
Además, el hotel también tiene un restaurante, un pequeño gimnasio,
sauna, jacuzzi, hamam y sala de negocios.
"Está pensado para la gente gay porque las actividades que organiza el
hotel son para este tipo de público, pero los heterosexuales también
son bienvenidos", reconoce el gerente
Michael Cleaver. Entre las actividades destaca el show de Shimai que
son dos drag queens muy conocidas en Barcelona que actúan todos los
jueves por la noche.
"Nosotros no vendemos sólo habitaciones", explica Cleaver. "La idea es
dar otras actividades como estas fiestas y por supuesto proporcionar a
nuestros clientes además de la típica información turística sobre los
monumentos de la ciudad, información sobre los locales de ambiente de
Barcelona, sobre las mejores fiestas, las playas gay, las tiendas y los
restaurantes", añade.
"Además, también queremos que los clientes se relacionen con los
ciudadanos de Barcelona, por eso a nuestras fiestas y a nuestros bares
viene también gente que vive en la ciudad", subraya.
Desde que se inauguró y durante todo el año el hotel tiene una
ocupación de un 80 por ciento, aunque hay fechas en las que está
completo como el 28 de junio, Día del Orgullo Gay, o en julio que es
cuando parte de la ciudad un crucero por el Mediterráneo sólo para
gays.
Según el gerente, el perfil del cliente es "una persona mayor de 30
años, muy cosmopolita, que le gusta mucho viajar y que está
acostumbrado a hospedarse en buenos hoteles". De ellos el 80 por ciento
son hombres y el 20 por ciento mujeres. Y de los hombres, el 50 por
ciento se hospeda en pareja y el otro 50 por ciento viaja solo. En
cuanto a las nacionalidades, la gran mayoría son españoles y
estadounidenses, aunque también lo visitan ingleses, franceses,
alemanes y escandinavos.
En verano vienen más los estadounidenses y en invierno los españoles,
la media de estancia son dos días y el precio de la habitación doble
ronda los 175 euros por noche. Mexicanos también hay aunque pocos
"seguramente ahora que abramos el de Buenos Aires allí sí que será
mayoritario", asegura.
Para Cleaver la explicación del éxito logrado es que es un espacio
tolerante. "Cuando abrimos fuimos el primer hotel abiertamente gay del
mundo. Ni siquiera en Estados Unidos, un país tan abierto, existe un hotel
como este, por eso cuando los clientes estadounidenses vienen se quedan
alucinados. Esa es la gran diferencia", asegura.